El Paseo de la Reforma

Conoce el origen del célebre Paseo de La Reforma, que se enmarca en la historia de amor entre Maximiliano y Carlota. Adéntrate en el pasado de esta zona monumental que a lo largo de 12 kilómetros, cuenta con bella arquitectura, casonas y áreas verdes.


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EL PASEO DE LA REFORMA

Por César Lozano Díaz

Las calles, plazas y paseos guardan múltiples historias que hoy aún nos conmueven. Las huellas que el siglo XIX imprimió en el México moderno y contemporáneo se encuentran grabadas en muchas de sus obras arquitectónicas y urbanas. Tal es el caso del Paseo de la Reforma, espacio monumental que narra historias entretejidas a lo largo del tiempo en sus 12 kilómetros de extensión; relatos convertidos en leyendas que forman parte de la historia nacional. El origen de esta importante avenida se enmarca en la historia de amor entre Maximiliano y Carlota.

 

Tras el triunfo de la Guerra de Reforma, encabezada por Don Benito Juárez, un grupo de conservadores mexicanos buscó el apoyo del gobierno francés para instaurar un gobierno monárquico en México. El trono le fue ofrecido a una pareja de príncipes, Maximiliano de Hasburgo y Carlota de Bélgica, quienes sucumbieron ante su ambición para fundar el llamado Segundo Imperio.

 

A su llegada a la Ciudad de México, los emperadores se establecieron en el Palacio Nacional, para fijar finamente su residencia en el Castillo de Chapultepec, aproximadamente a 6 kilómetros al occidente de la ciudad. El lugar gozaba de un espléndido clima, musicalizado por el canto de las aves y rodeado por una espesa vegetación exótica.

 

Durante su estancia, el castillo fue remodelado por arquitectos franceses con el fin de asemejarlo a las residencias europeas. En sus amplios salones, la emperatriz ofrecía grandes recepciones de etiqueta. Carlota, desde el balcón de su dormitorio, tenía una de las mejores vistas del camino que traía a casa a Maximiliano de regreso de su oficina, que se encontraba en el Palacio Nacional.

 

En 1864, la ciudad terminaba abruptamente en el lugar donde se hallaba la escultura ecuestre de Carlos IV, por lo que para acceder al Castillo de Chapultepec, Maximiliano tenía que tomar las vías que hoy se conocen como Madero y Avenida Juárez, para continuar por el Paseo de Bucareli en un sendero de terracería y posteriormente doblar a la derecha en la actual Avenida Chapultepec, fangosa en temporada de lluvias, puesto que allí se encontraban los cauces del Acueducto de Chapultepec que abastecían de agua potable a la Ciudad de México.

 

Había otra opción, pero era más complicada y accidentada, pues había que cruzar la Plaza Mayor por un costado de la Catedral y girar hacia la izquierda atravesando Tacuba y Avenida Hidalgo, seguir por Puente de Alvarado, Calzada de la Rivera y San Cosme, hasta llegar al bosque y ascender hacia la cúspide. Dadas las condiciones del camino y ante la posibilidad de sufrir un atentado o accidente, no era raro que Maximiliano frecuentemente durmiera en la ciudad, lo que según se dice, enfurecía a Carlota.

 

Debido a lo anterior, Maximiliano visualizó una calzada ancha y arbolada para acortar el camino, misma que se llamaría Paseo de la Emperatriz en honor a Carlota y evocaría a los Campos Eliseos en París. Pese a los esfuerzos de Maximiliano, los avances en su construcción eran lentos, dada la complejidad de su diseño. En 1866 se concluyó el primer tramo, que por cierto, no conducía a ningún lado, por lo que cobró un carácter elitista al ser utilizado sólo para los paseos ecuestres de la corte imperial y al emitirse un decreto en el que se prohibía estrictamente el tránsito del público sin la previa autorización del Emperador.

 

El tiempo pasaba rápidamente y la caída del Segundo Imperio era inminente. Para el 12 de Junio de 1867, Juárez esperaba en los balcones del Castillo de Chapultepec a que sus seguidores organizaran la entrada triunfal a la capital del país. Maximiliano fue fusilado en el Cerro de las Campanas, en Querétaro, y Carlota perdió la cordura.

 

Con el triunfo de la República, la obra inconclusa se detuvo tomando el nombre de Paseo Degollado y se abrió al público en general. A la muerte de Juárez, bajo el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, la avenida tomó su nombre definitivo de Paseo de la Reforma en honor a las Leyes de Reforma, nombre que siempre estaría presente en la memoria de los mexicanos como una manifestación de amor a la patria.

 

Cabe señalar que fue hasta el gobierno de Porfirio Díaz, en 1895, que se dio esplendor a esta importante y bella avenida, otorgándole el carácter monumental que hoy posee.

junio 3, 2016
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